miércoles, 5 de octubre de 2016

Crece contigo un ansia de ser amado que junto al instinto sexual perturba completamente tu existencia. Eres dependiente, adicto a priori; el orgasmo puede ser tu perdición. La conciencia de la fragilidad hace de la adolescencia una etapa muy dura. Eres bien consciente del deseo de ser aceptado, requerido, deseado. Y también de la inmensa dificultad que supone llegar a conseguir tener nombre en el anonimato callejero. Ser alguien. El gen egoísta hace el resto. El macho arrasa con el semen descontrolado y la hembra se templa en las mágicas percepciones que imagina y los incompetentes envites del hombre. La razón marca una frontera: la concepción y el orgasmo femenino queda mediatizado. La educación católica se confabulaba con la naturaleza queriendo perpetuarse para hacer del sexo, en principio un problema. Ningún hombre despierta el deseo de las mujeres con sus acciones. Los elixires embriagadores están en el interior, dopando todo el ser.

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